Grete Waitz

(1953-2011),

ATLETISMO.

Nacemos, vivimos, algunas y algunos corremos, y morimos. Esto último, aparte de ser lo que más rabia me da, es algo inmutable.

Estos días están siendo raros en cuanto a muertes. Mientras miles de personas se alegran porque a un malo malísimo le han dado boleto, y montan fiestas y dan ruedas de prensa, me van asaltando noticias de muertes inesperadas (la muerte casi siempre lo es).

Henry Cooper, el que llevó a la lona a Alí, Nawang Gombu, uno de los sherpas de la expedición de Hillary, Juan Carlos Arteche, Grete Waitz… ¿Qué está pasando? Nada, que morimos, nos pongamos como nos pongamos, eso.

En Noruega, hace cincuenta y siete años, nació Grete, y nació con todo el equipamiento de serie más habitual, luego ella se encargó de ponerle los extras. Es decir, de correr, correr y correr.

El atletismo de fondo no tiene demasiados secretos, hay un buen montón de teorías sobre entrenamiento y perfeccionamiento, también sobre alimentación y suplementos, también sobre sustancias y transfusiones… pero no tiene demasiados secretos: Correr, correr y correr.

El caso de Grete Waitz tiene algunos componentes realmente interesantes que vistos con la perspectiva que da el tiempo los hace aún más llamativos. Porque en los años sesenta las mentes ilustres no tenían el atletismo de fondo entre las posibilidades femeninas, ni siquiera el padre de la criatura las tenía todas consigo, a pesar de que la chiquilla ganaba cuanto corría.

Y aunque ya en los primeros Juegos Olímpicos de Atenas 1896 dos mujeres demostraron su capacidad para completar la distancia de aquella maratón con dos actos de rebeldía y reivindicación (hablo de Stamatis Rovithi y de Melpómene, mujeres que deberían ser más que anécdota), lo cierto es que hasta muy entrados los ochenta del siglo pasado, las largas distancias no se relacionaban con mujeres, salvo cuando nadie miraba.

Una de las causantes de que las escamas se cayesen de los ojos de tanto “hombre de poca fe”, fue Grete Waitz. Cuando con dieciocho años consiguió un bronce en los 1500 de los JJOO de Múnich, debió de pensar ¿ya? porque enseguida empezó a buscar distancias más largas para mejorara su rendimiento. En pocos años corría los 3000 más rápido que ninguna mujer sobre la tierra. Y con veintiún años (que igual que veinte no es nada) se pasó a la carrera más larga, una prueba que en femenino no era olímpica y aún no estaba en los mundiales de atletismo, seguramente porque aún no había mundiales.

Es decir, que era pionera absoluta a riesgo de no tener mayor repercusión pública.

En 1978, el director de la maratón de Nueva York, Fred Lebow, la invitó a correr y ella aceptó encantada, corrió feliz, y se metió en el bolsillo la primera de las nueve maratones de la Gran Manzana que consiguió. Y en un par de ocasiones batió el record del mundo de maratón en esa carrera.

Lo del record de maratón también tiene su gracia, los muy puristas lo llaman la mejor marca mundial, porque cada maratón es diferente, es decir, no es una pista y a dar vueltas, sino que hay cuestas arriba, curvas, cuestas abajo, adoquines… por eso no es lo mismo bajar de tres horas en Madrid que en Londres, y por eso quien quiere mejorar su marca se va a Berlín. De manera que batir un record en Nueva York es, más que la manzana, la pera.

Gracias a Fred Lebow vivió sus momentos más brillantes como corredora, y junto él vivió en 1992 la carrera más emocionante de su vida.

Ya poco importaba que Grete hubiese ganado nueve de Nueva York, que hubiese sido campeona de Europa en el 83, plata en Los Ángeles 84 y pentacampeona del mundo de campo a través, y suma y sigue. Ya no importaba porque Lebow tenía un cáncer cerebral, y ese detalle convertía la Maratón del 92 en algo muy diferente, o bien mirado, en algo igual.

La palabra superación adquirió aquel día un nuevo significado.

Waitz completó su último maratón el 1 de noviembre de 1992 corriendo junto al hombre que confió en ella para darle una dimensión femenina a la prueba de las pruebas. La terminaron juntos en algo más de cinco horas y media. Para mi esta historia dice más de Grete que todo lo anterior corrido y ganado y cada vez que lo cuento se me erizan los pelos de los brazos.

Ahora, diez años después de aquella carrera, por esas perrerías del destino, ha sido ella la que ha tenido que pelear contra un cáncer cerebral, y hace unos días, mientras en España un tipo estaba incluyendo su nombre en la lista de sus 100 deportistas, Grete nos dejaba hasta más ver, para ella el recuerdo, la admiración y el agradecimiento por su ejemplo.

 

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